viernes, 27 de junio de 2014


Yeso para el molde
sin coagular aún
se puede crepitar
                           y gotear
desbordarse en lágrima blanca
                                      blanda;
y el imperfecto nos espera
nos recibe
frío
de puro nuevo
de solos juntos
y quedan
afuera las figuras que hubiesen
respondido al asombro
pero ahora  adentro
si el rígido cobrar las formas
llega
ya no llegan
más horas
ni una
para el canto líquido que viaja.


Devenir



Al prisma en la incandescente noche.
A la rotación del cosmos
en el piélago sin vientos.
Hacia las cosas,
sin ellas.
En movimiento, con dirección aturdida
por el destemplado reclamo de los ojos vacíos,
apoderados de la muerte
para no vencerla nunca.
Pretendiendo olvidar
las costras heladas.
En el día sin nombre:
el que se vive.


martes, 13 de mayo de 2014


El dolor de la omisión

Aire libre de Anahí Berneri (2014)
Con los bordes rotos de un vidrio que hace estallar una y otra vez, Aire libre lastima.
Esa textura vidriada, traslúcida pero no enteramente transparente, muchas veces opaca, es la de una pareja que no puede construir su lugar sino que apenas lo imagina y al quebrársele, se desentiende, huye, apuesta al vacío, a los huecos. Miente, se miente.
Anahí Berneri vuelve a elaborar una historia que es sólida en su núcleo pero que nos resulta difícil de asir y dominar, no podemos sujetarla, no podemos domarla.  Berneri no es concesiva, no se brinda a un público que requiera andadores o rueditas adicionales, el aprendizaje del recorrido en la trama es exponerse a caer, a tropezar, a dolerse con la historia que muestra. Aire libre se retuerce e inquieta, no cierra juicios pero cuestiona a los personajes y, también, a nuestro modo habitual de percibirlos.
En el deseo, en la acción, los paradigmas con los que cada uno se acerca al otro hay omisiones, escamoteos de presencia. No hay entrega total porque no hay convicción. Se juega, como en parte de los intentos musicales que se dispersan en su transcurso, a integrar una melodía incompleta en la que hay, alternativamente, una parte que se apuesta y otra que no se resigna a la entrega; no se animan a poner en juego lo propio.
Precisa, detallista, implacable, Berneri avanza, crece, inquieta y exaspera girando el dial de sus criaturas que no concurren al mismo encuentro a pesar de ir al mismo lugar.
Ese no terminar de crecer para edificar la historia propia y refugiarse en el ámbito de los padres, tiene que ver con omitirse, prescinden de ellos, no se encuentran y, lo que es peor, no pueden ubicar o dejan de lado a lo que crean, en especial a su hijo.
Lucía (Celeste Cid) y Manuel (Leonardo Sbaraglia) no se comprometen ni en lo personal ni en lo familiar y tampoco en lo social, evitan y lo que no pueden enfrentar, les aparece con violencia, como amenaza, que muchas veces es la propia agresión o desidia o sus consecuencias. Ahí es donde Anahí Berneri vuelve a demostrar que, además de manejar estupendamente bien la imagen que se teje en los tonos diluidos que impregna en los personajes de Aire libre, sostiene y conduce las actuaciones de los protagonistas a puntos convincentes con esa fluctuación entre la desorientación, el deseo no hallado y la crispación constante, para hacerlos crecer con la historia y dejarle al espectador un lugar para su intervención creativa. Muy eficaces Sbaraglia y Cid, bien complementados por un elenco parejo en su intervención.   
Aun en su repetición absurda Anahí Berneri si bien no salva totalmente a sus criaturas, les deja abiertos resquicios por donde todavía pueden recrearse. Vamos por Aire libre, busquemos.

miércoles, 23 de abril de 2014

Acerca de Ella (Her) de Spike Jonze.
Por Fernando Iturrieta
El problema entre el hombre y la tecnología en última instancia no es tecnológico, es humano.
De constructores profesionales de lenguaje amoroso a receptores crédulos por necesidad de esa contraparte que se espera que aparezca, que esté, que se mantenga allí. El personaje, Theodore Twombly, redacta hábilmente para otros, un mercado sin rostro, cartas de amor que se emiten como escritas a mano, un ademán que evoca viejos tiempos en medio de un ambiente futuro incierto. La construcción del discurso amoroso lo espejará en su historia y, primera advertencia a nosotros, los espectadores, nos reflejará, revelándonos, si estamos dispuestos a ver, nuestras destrezas para construir, reemplazar, idealizar y compartir nuestras relaciones.
Ese hombre se enamora del sistema operativo que instala en sus computadoras. Es una plataforma inteligente que se personaliza a medida del usuario, que se bautiza dentro del género elegido para la interrelación (para él, será Samanta) y que adquiere voz a la manera humana e interactúa frontalmente con su oralidad , obedece, provoca, excita y practica completar el ritual del sexo, de su afecto personal. Y Samanta suplantará, competirá con otros amores, con otras voces y otros cuerpos, complementándose de modo de tapar sus precariedades, sus falencias. En última instancia, hay algo corporal que fija la identificación: su voz, vehículo de la lengua humana, su distintivo; pero entra en crisis cuando se intenta usar otro cuerpo como prótesis humana para completar una mujer que, sabemos, no tiene su misma oralidad: un cuerpo en este caso femenino que permitiera perfeccionar su identificación.
En el ejercicio de sustitución de presencias, de los cuerpos, reemplazo de los afectos y de las zonas afectadas, el hombre, maestro del lenguaje articulado, ha armado sistemas inteligentes que incluso, lo predicen, juegan con él. En el itinerario de la integración, desintegración, con el medio, consigo mismo, lo fabricado por los seres humanos no cubre su soledad, su ser partícula del cosmos con una frecuente imposibilidad de sintonizar con las otras partes de su universo.
Ella (Her) tiene, como toda obra de arte, capas de lectura; puede pasarse de una tersa comedia sentimental entre el hombre y la máquina a animarse a raspar la superficie e indagar progresivamente y, debajo, hay mucho. Pistas: desde la obra plástica de Cy Twombly a la filosofía de Alan Watts, pero sobre más allá de las referencias "cultas", lo crucial apunta a nuestra precariedad afectiva, a pesar de nuestros pensados y pensantes artefactos.
Vale la pena verla a Ella (Her). En muchos casos, volver a verla. En todos los casos, pensarla y sentirla.

domingo, 16 de febrero de 2014


Vuelo de los ojos

Abrí mis ojos y vi dos luces.
Torpeza de tacto que renace, dibujé
sin piedad en un vidrio sucio las marcas
cuyas resonancias despiertan océanicas y atónitas.
Arena detrás, fiebre en travesía sin calma.
Si en un foco labré humo y tallé brisa,
en el otro fui satélite de ejes de la angustia.
No conocía el origen del invierno de las hojas
invisibles, retoñando penoso algún misterio,
ni sabía de los engranajes, espumas puntiagudas
del verano con sus barcos que vuelan
ebrios a su  morada de fuego,
ni del puñal de un otoño perdido, fatigado, loco.

Tampoco aguardaba tu boca apremiante
que setiembre conoce, río de cobre.

El vuelo preterido, ese vuelo
de amanecer sangrante y apurado.

A mis manos las junté en un puñado de sol
y las arrojé al mar para que sus mil bocas,
gigantescas e irritables dunas espumantes,
las tragaran, para recobrarlas en aliento de las algas.
Entonces, fue mudez de luz.
Acaso también sembré mis ojos en las olas,
demente acuidad de los que aman,
 para citar noctilucas, destellos del agua ensimismada.
Mi cuerpo soñó madejas
que la luna suelta cuando canta.
Mi piel sintió vacíos del rastrillo, memoria de un instante,
mientras pule el sexo de las rocas lastimadas;
y mis años quemados juntaron sus cenizas
                                                     y amaron.


martes, 7 de enero de 2014

¿ Quién aprende?

Preguntás, me abrís un día.

Busco en tus indóciles silencios,
en el perfume victorioso de tu llanto,
la molécula salvaje,
la llamarada desnuda.

Enardecés el aire mismo al cantar.

Busco mis olvidos cómplices
pero ya es tarde: los atesorás.

Rayo de los astronautas,

confirmame.

(de Guijarros, a ser publicada por Ditus Ediciones)